VOZPOPULI –
Por ELISA NÚÑEZ SÁNCHEZ, exconsellera de Justicia e Interior
La alianza de Abascal con Orbán y Le Pen marcó un punto de inflexión significativo en su trayectoria política
El movimiento de Vox al abandonar el Grupo de los Conservadores y Reformistas Europeos para unirse a Patriotas por Europa, liderado por Viktor Orbán y Marine Le Pen, marcó un punto de inflexión significativo en su trayectoria política. Este giro trascendió la mera logística parlamentaria o de afinidades políticas superficiales, para convertirse en una profunda redefinición ideológica cuyo análisis es crucial, no solo para entender su futuro, sino para prever la reconfiguración de todo el espectro de la derecha española.
Históricamente, la formación liderada por Santiago Abascal se ha presentado ante su electorado como un defensor de la soberanía nacional y de un euroescepticismo dentro de unos marcos predecibles. Su salida de ECR, un grupo heterogéneo, pero formado por partidos de tradición conservadora y liberal-conservadora, le proporcionaba un cierto barniz de respetabilidad internacional. Sin embargo, la decisión de abrazar la órbita de Orbán y Le Pen, sugirió un salto cualitativo hacia un espacio político definido por un nacionalismo populista y abiertamente iliberal.
La alianza con Orbán, cuyo Gobierno ha sido objeto de críticas recurrentes por su erosión del Estado de derecho, la independencia judicial y la libertad de prensa, plantea interrogantes sobre los valores que Vox dice encarnar. Si bien su discurso a menudo apela a la defensa de la familia tradicional y los valores cristianos, la asociación con un modelo de gobierno que ha sido acusado de autoritarismo y de socavar las libertades democráticas parece, cuando menos, contradictoria. ¿Se trata de una estrategia pragmática para agrupar fuerzas en el Parlamento Europeo, o de una adhesión genuina a un modelo político que prioriza el poder y el control por encima de las garantías democráticas?
De manera similar, la cercanía con Le Pen y su partido, Agrupación Nacional (RN), consolida la imagen de la formación como un satélite de las corrientes más radicales de la derecha europea. Estos movimientos, a menudo emplean una retórica profundamente polarizadora, donde el adversario político se convierte en un enemigo existencial y la complejidad de los desafíos sociales se reduce a eslóganes simples y emocionales. Esta estrategia puede movilizar a una base electoral muy concreta, pero también actúa como repelente para aquellos ciudadanos que rehúsan identificarse con posturas que bordean la xenofobia y cuestionan los fundamentos del proyecto europeo.
No todos sus votantes son necesariamente admiradores del modelo político húngaro o de las posiciones más extremas de la derecha francesa».
Este realineamiento tiene implicaciones directas para el electorado de Vox y, por extensión, para el espectro de la derecha española. Muchos de los votantes que se sintieron atraídos por Vox lo hicieron como una respuesta a lo que percibían como un abandono de los valores tradicionales y una excesiva concesión a las políticas de izquierda por parte del Partido Popular. Sin embargo, el giro hacia figuras como Orbán y Le Pen podría generar incomodidad en una parte de esa base electoral. No todos sus votantes son necesariamente admiradores del modelo político húngaro o de las posiciones más extremas de la derecha francesa. Existe un segmento del electorado conservador que valora la estabilidad, el respeto a las instituciones y la moderación política; principios que podrían verse comprometidos por esta nueva alianza.
Es aquí donde surge la necesidad de un regreso a “la casa común» del Partido Popular; quien a pesar de sus propias vicisitudes y de las críticas de algunos sectores por su gestión o por su falta de contundencia en ciertas materias, representa, para muchos votantes, el paraguas político que aglutina a la derecha española en su sentido más amplio y tradicional: liberales, conservadores y demócratas cristianos. La volatilidad ideológica de Vox, su deriva hacia alianzas con figuras controvertidas y su potencial alejamiento de un electorado más moderado, podría crear un espacio natural para que aquellos votantes desencantados o incómodos con estas nuevas afinidades retomen su afiliación al PP.
El desafío para el Partido Popular reside en ser capaz de atraer a este segmento del electorado ofreciendo un proyecto político coherente, que defienda los intereses de España y de sus ciudadanos, pero que al mismo tiempo mantenga un compromiso firme con los principios democráticos, el Estado de derecho y la estabilidad institucional. Una oferta que, sin renunciar a la defensa de la identidad nacional y los valores conservadores, se distinga claramente de los extremismos y las derivas iliberales que caracterizan a los integrantes de Patriots en Europa.
El movimiento que llevó a cabo la formación presidida por Abascal en junio de 2024 no fue solo un cambio de siglas en Bruselas».
En definitiva, el movimiento que llevó a cabo la formación presidida por Abascal en junio de 2024 no fue solo un cambio de siglas en Bruselas; sino una declaración de intenciones ideológicas que podría fracturar su propia base electoral y, paradójicamente, fortalecer la posición del PP como referente de la derecha española para aquellos votantes que buscan coherencia, estabilidad y un compromiso inquebrantable con los valores democráticos.

