LAS PROVINCIAS –
Por ELISA NÚÑEZ SÁNCHEZ, exconsellera de Justicia e Interior, Doctora en Derecho y experta en inmigración.
Sánchez ha demostrado que el poder le corrompe y que, para mantenerse en Moncloa, está dispuesto a dinamitar los cimientos constitucionales
La libertad de prensa es el termómetro que mide la salud de una democracia. Sin periodistas libres, sin medios que puedan investigar sin miedo a represalias, no hay ciudadanos libres. Sin embargo, observamos con indignación cómo Sánchez y su gobierno han convertido el derecho a la información en un objetivo a batir.
Lo que estamos viviendo no es una desavenencia puntual entre el Ejecutivo y los medios de comunicación; es una estrategia deliberada de asfixia, control y censura. Mientras el presidente del Gobierno predica en foros internacionales sobre ética y transparencia, en España su Ejecutivo teje una red de acoso hacia la prensa independiente que avergüenza a nuestra democracia.
Recientemente hemos conocido nuevas maniobras del Ministerio de Exteriores, que confirman esta deriva autoritaria. Se ha preguntado en el Congreso si el Gobierno cree en la libertad de información, tras las prácticas denunciadas en la cúpula diplomática. Los propios diplomáticos señalan al ministro Albares por impedir el trabajo de los periodistas: concentra en su figura todo el contacto informativo y prohíbe que los embajadores hablen con la prensa. Pero lo más grave es que desde Exteriores elaboran resúmenes de prensa donde se ocultan las noticias negativas para el Gobierno. No solo quieren controlar lo que se dice, sino que pretenden que los altos cargos vivan en una burbuja de propaganda oficial.
Esta no es una acción aislada. Es la misma filosofía que llevó a Pedro Sánchez a anunciar una ley para perseguir a los llamados «pseudomedios». Una amenaza que sobrevuela la libertad de expresión. Resulta sangrante que, mientras el PSOE anuncia este «plan» contra medios que no le son afines, mantenga a ciegas a sus propios socios de Sumar, demostrando que esta ocurrencia autoritaria nace sin consenso ni debate previo. ¿Qué es un «pseudomedio» para Sánchez? En su diccionario, cualquier medio que publique las imputaciones de su entorno familiar, o destape las vergüenzas de sus socios independentistas.
Resulta paradójico escuchar al PSOE hablar de derechos y libertades cuando, allá por 2012, su entonces líder Rubalcaba ya mostraba los complejos autoritarios de la izquierda. La diferencia es abismal: cuando gobernaban quienes creen en el Estado de Derecho, la libertad de prensa era absoluta, los periodistas investigaban sin miedo a represalias institucionales y no existía esa maquinaria de intoxicación que hoy maneja Moncloa.
Hoy, la libertad de prensa en España está herida. Los periodistas que se atreven a cruzar al Gobierno sufren el boicot publicitario desde las instituciones, la exclusiva filtrera para premiar a los afines y la amenaza latente de una ley que busca cerrar periódicos incómodos. No se puede normalizar el chantaje. La estrategia es clara: si no te sometes, te asfixian; si publicas lo que no les gusta, te persiguen. Eso no es convivencia democrática, es una deriva totalitaria.
El acoso no se limita a los medios nacionales. El Gobierno ha extendido su mano larga a las delegaciones exteriores, donde se ha instruido a los representantes diplomáticos para que eviten cualquier contacto con periodistas críticos. Esa política de silencio institucional contrasta con el uso torticero de medios públicos, convertidos en altavoces de la propaganda gubernamental. RTVE, que debiera ser la casa de todos, se ha transformado en un megáfono al servicio del relato oficial, donde la pluralidad brilla por su ausencia.
Debemos exigir claridad. No podemos tolerar que utilicen los resúmenes de prensa para ocultar la verdad a los altos funcionarios, ni que se persiga a los medios por informar sobre la actualidad que incomoda a Sánchez. La libertad de prensa no es un favor que el Gobierno de turno concede; es un derecho fundamental que debe ser protegido. Por eso, es imprescindible defender a los periodistas, exigir la retirada de cualquier proyecto legislativo que pretenda amordazar a los medios y denunciar cada acto de censura.
No es una cuestión partidista, sino de principios. Defender la libertad de expresión es defender el pilar básico sobre el que se asienta cualquier sociedad abierta. Cuando un gobierno utiliza los resortes del Estado para castigar a quienes le son críticos, está minando la confianza de los ciudadanos en las instituciones.
Pedro Sánchez ha demostrado que el poder le corrompe y que, para mantenerse en Moncloa, está dispuesto a dinamitar los cimientos constitucionales. La libertad de prensa es una víctima más de su ambición personal. No podemos permitir que el silencio se convierta en la norma ni que el miedo se instale en las redacciones. Sin prensa libre, no hay democracia posible. Sin periodistas que puedan investigar sin miedo, no hay verdad. Y sin verdad, el ciudadano es súbdito, no soberano. Por eso, hoy más que nunca, es necesario alzar la voz y plantar cara a quienes creen que la información les pertenece. No les pertenece. La información es de todos, y defenderla es defender nuestra libertad.

