VOZPÓPULI –
Por ELISA NÚÑEZ SÁNCHEZ, exconsellera de Justicia e Interior, Doctora en Derecho y experta en inmigración.
La Tierra está cansada de soportar la inacción política. España, como microcosmos de un mundo que se desmorona bajo el peso de la negligencia del Ejecutivo de Sánchez, ejemplifica cómo la falta de decisiones valientes y preventivas nos empuja al abismo de las catástrofes naturales y sociales: incendios, terremotos, DANAs, inmigración descontrolada y fronteras inseguras.
España se ha convertido en un polvorín a cielo abierto. Cada verano, la repetición de incendios forestales de magnitud catastrófica no es una sorpresa, sino una sentencia anunciada por la inacción. El problema no es solo el cambio del clima, sino la acumulación de combustible forestal derivada del abandono rural y la falta de gestión activa de nuestro patrimonio natural. Sin embargo, la política española ha invertido históricamente más en extinción que en prevención, manteniendo un modelo reactivo que es insostenible ante incendios de quinta y sexta generación, inextinguibles por definición.
La «España vaciada» no es solo un lema electoral; es la causa estructural de un paisaje continuo de matorral y bosque listo para arder. La desaparición del pastoreo, el abandono de cultivos y la falta de aprovechamiento forestal han creado las condiciones perfectas para el desastre. A pesar de que los expertos llevan años advirtiendo que la prevención debe concebirse como una política territorial integral, el gobierno de Sánchez sigue sin entenderlo. El resultado es la pérdida de capital natural acumulado durante siglos y un riesgo creciente para las vidas humanas que ninguna flota de hidroaviones podrá solventar indefinidamente. Y eso hace todavía más necesario reconocer la entrega y valentía de los bomberos, brigadas de prevención y la UME, que cada verano se juegan la vida para paliar la dejación de quienes gobiernan.
Otra cuestión, es la gestión de la inmigración en España. Un ejemplo paradigmático de cómo el cortoplacismo político puede desestabilizar un país y alienar a sus socios europeos. La regularización extraordinaria y sin condiciones de inmigrantes irregulares aprobada en abril de 2026, situó al gobierno de Sánchez en el centro de una tormenta política, con los 22 países de la UE criticando la medida por su potencial efecto llamada. Esta decisión, lejos de resolver el problema de fondo, ha exacerbado la tensión en las fronteras, como hemos visto en la crisis de Ceuta, donde decenas de miles de migrantes pusieron en jaque al gobierno español.
La falta de una estrategia integral que equilibre las obligaciones humanitarias con un control efectivo de las fronteras ha dejado a España en una posición de aislamiento dentro de Europa. Mientras el gobierno de Italia y otros países han abogado por un endurecimiento de estas políticas, el gobierno de España oscila entre una apertura que desborda su capacidad y un giro repentino hacia la línea más dura del pacto europeo, evidenciando una falta de rumbo clara. Este enfoque reactivo no solo falla en abordar las causas profundas de la inmigración irregular, sino que también alimenta el discurso de la extrema derecha y la xenofobia, como hemos comprobado estos días en redes sociales tras la crisis ceutí.
Más allá del fuego y las fronteras, España se enfrenta a otras amenazas naturales. Es muy fácil intuir que nuevamente, habrá temas, que pillarán desprevenido a Sánchez. Las DANAs, que en el pasado eran gotas frías, son cada vez más frecuentes e intensas, pero la planificación urbanística y la falta de gestión tanto en infraestructuras como en el territorio, siguen siendo insuficientes. La construcción en zonas de riesgo inundable es la prueba de una gestión del territorio que prioriza el beneficio inmediato sobre la seguridad a largo plazo.
En cuanto a los terremotos, aunque España no es un país de alta sismicidad, la falta de actualización de normativas de construcción y la escasa preparación de la población ante un evento sísmico de gran magnitud son una muestra más de la actual dejadez preventiva. La inacción en la rehabilitación de edificios antiguos y la permisividad con ciertas prácticas constructivas en zonas de riesgo podrían convertir un terremoto moderado en una catástrofe humanitaria. La tierra no avisa, pero la política sí debería.
El caso de España no es una excepción, sino un reflejo de una tendencia global. En todo el mundo, la falta de decisiones políticas para la prevención de catástrofes naturales está llevando a un punto de no retorno. Los desastres naturales son cada vez más frecuentes y severos, y la respuesta internacional sigue siendo fragmentada y reactiva. La comunidad internacional falla en coordinar esfuerzos para mitigar los cambios en el clima y adaptar las infraestructuras a una realidad natural en cambio.
La Tierra está cansada de soportar la irresponsabilidad de sus gobernantes. La falta de visión a largo plazo, la priorización del beneficio electoral inmediato y la negligencia en la gestión del territorio y las fronteras por parte del Ejecutivo actual, están condenando a futuras generaciones a una expectante incertidumbre. Es hora de que la política deje de ser un obstáculo y resuelva problemas. La tierra no puede esperar más.

